miércoles, 7 de agosto de 2013

Día 96: como un niño con zapatos nuevos

Km recorridos (día/total): 5,2/643,1                                         Vueltas dadas al perímetro (día/total): 1/210

¡Me duele el alma! Si no llega a ser porque esta mañana había quedado con Alberto, me habría costado horrores levantarme, y no porque tuviese sueño, sino porque las piernas se me quejaban a cada movimiento. Así, la carrera de por la mañana ha sido lenta, incómoda y en cierto modo dolorosa, al menos hasta pasado un buen puñado de minutos. Por suerte, para aliviar el sufrimiento, he decidido probar mis nuevas zapatillas, no sé si de cara a la maratón de Valencia, pero sí enfocadas a los entrenos rápidos que me quedan de aquí a entonces.

Tengo que decir que, también en este sentido, ha sido una suerte que venga Pascual, que me ha conseguido un buen par de zapatillas K-Swiss, las primeras de esta marca que utilizo, diseñadas, como él mismo me describió, para corredores rápidos de maratón (éste último no es mi caso, pero acepto el cumplido...). Lo cierto es que las zapas son una pasada, ligeras, cómodas y muy rápidas y, por otro lado, a mí me gusta la sensación, aún penalizando la amortiguación, de llevar este tipo de calzado, ágil y que invita a ritmos mucho más rápidos sin apenas esfuerzo.

La pena es que el terreno de entrenamiento en Herat es duro y con muchas piedras, sobretodo cuando decido ir por la orilla de la carretera para cargar menos las piernas, y las zapatillas están diseñadas principalmente para asfalto, por lo que tendré que dosificar su uso si quiero que me duren un tiempo decente. De momento, me las pondré uno o dos días por semana, especialmente cuando me toque un entrenamiento rápido como el de ayer.

zapatillas Por otro lado, me viene muy bien tener otro tipo de zapatillas distinto a los dos pares de Cascadia 7 que tengo aquí. No es, ni mucho menos, porque las Brooks sean malas zapatillas. De hecho, después de haber recorrido con ellas, a día de hoy, casi seiscientos cincuenta kilómetros en tierras afganas, he de decir que las considero las zapatillas ideales para este tipo de terreno: cómodas, con muy buena amortiguación y gran agarre, utilizables tanto como por asfalto como por tierra, duraderas y, sobre todo, bien reforzadas en las zonas externas, que es por donde suelo romperlas.

En fin, que esta mañana, a pesar de la rigidez de gemelos y los dolores en tendones y articulaciones, iba como un niño con zapatos nuevos, nunca mejor dicho. En breve me toca un rato de Brazilian Jiu Jitsu para cambiar de actividad. La verdad es que, ahora mismo, no me apetece en absoluto. Sólo tengo ganas de tumbarme en la cama y poner las piernas en alto. Pero no lo voy a hacer. Eso vendrá más tarde, después de cenar.

Y mañana, ¡masaje...y doble sesión! Así, ¿cómo no me va a doler nada?

martes, 6 de agosto de 2013

Día 95: savia nueva

Km recorridos (día/total): 17,8/637,9                                 Vueltas dadas al perímetro (día/total): 3/209
 
El día de hoy ha sido verdaderamente intenso, en todos los aspectos a los que uno podría referirse. A las nueve, un par de horas después de mis cinco kilómetros de por la mañana, aterrizaba un vuelo procedente de España con gente de relevo para algunas de las unidades que operan en Afganistán. Podría haber sido un vuelo más, un relevo más, de no ser porque entre los pasajeros figuraba un auténtico crack con el que, ya por la tarde, he compartido unos kilòmetros: Pascual Vargas, el Afghanistan Runner, ha aterrizado en Herat. ¡Qué gran noticia!
 
Pascual y yo nos conocemos desde hace más de doce años, de nuestra andadura canaria. Aunque estuvimos un tiempo sin saber el uno del otro, desde hace unos años estamos en contacto electrónico, esporádico pero directo, de tal forma que cuando hoy, después de tanto sin vernos, le he visto descender por la escalerilla del avión, ha sido como si todos estos años se hubiesen condensado en unos pocos días, y he vuelto a sentir la proximidad de un amigo.
 
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En un día nuevamente caluroso en el que, por fortuna, el índice de humedad se ha elevado un poco (la sensación térmica era mayor, pero al menos la piel respiraba un poco mejor y la garganta no se secaba tanto), a las seis y media nos ha tocado un nuevo entrenamiento de grupo, hoy más numeroso durante los primeros kilómetros. El plan era completar otra vez doce kilómetros y pico, incluyendo dos grupos de tres de mil en progresión. Al final, por una razón o por otra, me he quedado solo. Las ampollas han hecho mella en Alberto, que se ha tomado la segunda mitad del entreno con más calma, aunque por suerte Manu me ha acompañado hasta la penúltima de mil.
 
Finalmente, hemos completado un buen entrenamiento. He de decir que mis sensaciones son cada día mejores, a pesar del calor y del cansancio acumulado. Hoy, en particular, tenía muy buenas piernas, casi desde por la mañana, así que no me ha costado mucho disfrutar de la minisesión de calidad de la tarde. Mañana tocará descansar un poco de cara al fin de semana, y sólo correré por la mañana, pero lo cierto es que la semana va por muy buen camino, y mi motivación atlética va creciendo poco a poco al ir encontrando buenas sensaciones cuando acelero el ritmo.
 
Además de todo, saber que a partir de mañana cuento con la presencia de Pascual (la cosa marchará y se divertirá, ya verá), además de la de Alberto, inseparable ya para mí compañero de fatigas, hace que los casi tres meses que restan se planteen de una forma muy apetecible y motivante. Por cierto, Alberto ya ha confirmado su participación en Valencia, así que le doy las gracias....a Gemma, su mujer, por entender que lo que el asfalto afgano ha unido, no lo debe separar el hombre.
 
¡Qué tres meses y qué gran fin de semana nos esperan (y no sólo en lo que a atletismo se refiere)!

lunes, 5 de agosto de 2013

Día 94: tan lejos, tan cerca

Km recorridos (día/total): 17,8/620,1                                 Vueltas dadas al perímetro (día/total): 3/206

He escrito en alguna ocasión que, finalmente, o más bien seguramente, aunque de una forma velada desde un principio, este ha resultado ser un blog sobre personas, unidas todas ellas por un hilo conductor, el deporte en general, la carrera a pie en particular. Como tal, de cuando en cuando me encanta hablar de gente que, al menos para mí, y supongo que para otros muchos, representan un ejemplo a seguir en la vida.
 
Tal es el caso de un amigo mío, Mike, gran ciclista, mejicano de pura cepa, al que tuve la suerte de conocer durante mi experiencia costarricense en la Ruta de los Conquistadores. En realidad, lo poco que coincidimos, creo recordar, fue al finalizar la segunda o tercera etapa, en el autobús que nos había de transportar al hotel. Sucedió lo típico en estas ocasiones: una breve charla, un intercambio de correos, Facebook...
 
Bien es cierto, también, que lo que no se cuida acaba muriendo por el paso del tiempo. Sin embargo, en este caso, Mike y yo hemos mantenido, a lo largo de estos años, un contacto cercano a través de las redes sociales, un "me gusta", un comentario, una felicitación, una sincera preocupación,... hasta tal punto que hemos forjado una curiosa amistad. De hecho, y él lo sabe, está invitado a España cuando quiera. Aquí (o en el momento en que escribo esto, allí) tiene su casa. Le espero con los brazos abiertos.
 
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Mike tuvo un grave problema de salud hace unos meses que le ha impedido hacer lo que seguramente más le gusta en la vida, que es montar en bicicleta. Estoy seguro y sé que ha pasado por momentos muy difíciles en muchos aspectos, como iba narrando con cuentagotas en su perfil. Por eso, cuando hoy he visto que, después de este tiempo, ha vuelto a rodar a lomos de su bici, me he alegrado mucho por él, y no he podido evitar mandarle un mensaje de felicitación. La entrada de hoy, con el permiso de mi magnífico compañero y amigo Asís, es para él.
 
Poco importa, pues, el hecho de que hoy hayamos dado Alberto y yo un paso adelante en nuestra preparación para la maratón de Valencia. A pesar de las duras condiciones climatológicas, con una temperatura de treinta y nueve grados a las seis y media de la tarde y un siete por ciento de humedad relativa, el Gorra y yo nos hemos metido cuatro de tres mil manteniendo el tipo, y eso que le ha costado lo suyo convencerse de que podía con todo. A eso, por mi parte, he de sumarle los cinco kilómetros y pico de por la mañana. Me voy acercando a lo deseable, a lo deseado. Paso a paso. Poco a poco. Y en inmejorable compañía.
 
Esta tarde, curiosamente, en una de las pausas, Alberto me decía que no sabía cómo pagarme el hecho de entrenar con él, que no tenía nada que darme a cambio. Se equivoca, por simple desconocimiento (los laberintos interiores de cada uno son muchas veces inescrutables a simple vista): soy yo el que se siente verdaderamente afortunado de que nuestros caminos se hayan cruzado aquí y ahora, en este preciso momento. En ocasiones, uno tiene que viajar a siete mil kilómetros para descubrir a alguien. En este caso, sin duda el viaje para tal descubrimiento ha merecido la pena.
 

domingo, 4 de agosto de 2013

Día 93: mejor no pensarlo

Km recorridos (día/total): 5,2/602,3                                         Vueltas dadas al perímetro (día/total): 1/203

Ayer, después de la carrera, charlando con Alberto sobre lo que haría hoy domingo, le comenté que únicamente saldría a rodar cinco kilómetros al despertarme. Normalmente, me lo tomo con mucha tranquilidad, especialmente los fines de semana, aprovechando ese tiempo extra de que se dispone al empezar un poco más tarde la rutina de trabajo. 

El domingo, además y como ya he relatado en alguna ocasión, cambiamos las tostadas y el zumo del comedor por un capuccino y un dulce de frutas o un croissant relleno de chocolate en uno de los restaurantes de la zona, sentados a la sombra y disfrutando de, para mí, uno de los mejores momentos de la semana, en buena compañía y con buena charla.

Pues bien, ayer, como contaba, finalmente acordé con Alberto salir a rodar juntos a las ocho menos cuarto, para que él tuviese tiempo de llegar a la oficina a las nueve. Confiando en mi capacidad de despertar natural, he ido abriendo los ojos a las seis y media, a las siete y cuarto,...¡y a las siete y cuarenta y dos minutos! Hoy sí, he dado un bote de la cama, he hecho mis veinte flexiones de rigor antes de salir, me he vestido, y en cuestión de cuatro minutos estaba saliendo por la puerta, maldiciendo mi pereza, todavía entre sueños, y deseando que Alberto no se hubiese marchado ya. Por suerte, ahí estaba, un rato ya al sol, esperando a que apareciera.

La carrera, penosa al principio (creo que voy a tener que trabajar también la flexibilidad de mis tobillos: cada mañana es una pequeña tortura ponerme a tono), ha transcurrido luego tranquila, habituados ya como estamos a rodar sin esfuerzo, charlando un poco de entrenamientos y pruebas. A Alberto ya casi lo tengo convencido para venir a Valencia. A ver si a través del blog solucionamos pequeños detalles que, a día de hoy, le impiden decidirse. Desde luego, para mí sería una estupenda noticia que viniese pues significaría, en cierto modo, culminar esta preparación que hemos comenzado hace nada, pero que nos aguarda con montones de kilómetros y momentos juntos.

Es curioso, al hilo de esto, ver cómo se va conociendo la gente a lo largo de los días de carrera. A mí me decía Alberto ayer por la tarde: "Fran, estás serio. Ya nos vamos conociendo". Y yo le decía que no, que no pasaba nada. Ese simple detalle me ayudó a sentirme un poco mejor, más atendido, más cuidado. No estoy solo, ni siquiera aquí.

Y poco a poco ha ido transcurriendo este caluroso domingo. Esta tarde me la tomaré de relax, sin calzarme las zapatillas, a ver si cojo fuerzas para la semana que entra. De momento, cierro esta con otros setenta y cinco kilómetros más en las piernas. En breve, tal vez esta semana, tocará subir un poco. A ver si, con un poco de suerte y dedicación, me aproximo a los noventa.

Por cierto, hoy he alcanzado los seiscientos kilómetros totales recorridos (y las cinco mil flexiones hechas, como adelanté ayer). Diría que ya llevo la mitad de kilómetros, aunque me temo que, finalmente y con el objetivo señalado a la vista, son algunos más los que me quedan por cubrir. ¿Setecientos? ¿Ochocientos?

Mejor ni lo pienso.              

sábado, 3 de agosto de 2013

Dia 92: otra vez vivo

Km recorridos (día/total): 15,6/597,1                                 Vueltas dadas al perímetro (día/total): 3/201
 
Esta mañana, cuando he salido a rodar, sacrificando de nuevo el desayuno a cambio de unos minutos más de cama, el sol brillaba bien alto, unos treinta y cinco grados de elevación sobre la línea del horizonte, y con fuerza, acentuado su impacto por la ausencia de viento, que le imprimía a los treinta y dos grados de temperatura de esa hora un matiz de sofoco, ni siquiera amortiguado por el tramo de sur a norte, cuando suele soplar si quiera una ligera brisa que hoy, raramente, brillaba por su ausencia.
 
Después de una mañana muy tranquila, a mediodía he tenido masaje, que ya iba haciendo falta. Me ha dejado tan relajado que después, durante la sesión de tarde, tenía la musculatura totalmente falta de tono, y me costaba mucho ir deprisa, aún queriendo hacerlo. Tampoco pasa nada: el entreno ha sido mucho más relajado de lo que cabía esperar, principalmente porque con falta de tono muscular, aunque uno quiera ir rápido, se siente incapaz de hacerlo.
 
Estirando después de la sesión de tarde.
 En cualquier caso, ha sido divertido meter cuatro miles como parte central del entrenamiento y comprobar que, a pesar de todo, mi cuerpo va respondiendo a los estímulos de agresión y descanso a los que le voy sometiendo. Porque es cierto que esto es una agresión casi continua. Después de tantos años de vivir de las rentas, podría decirse, y sin llegar en ningún momento a exprimir la máquina, dejándome guiar por las sensaciones más que por las obligaciones (a todos les hago test para definir las zonas de entrenamiento menos a mí mismo, que sé por dónde tirar cada día), me hallo en un momento que, en cierto modo, me recuerda a otras épocas.
 
Y sin embargo, me siento mucho más libre, sin necesidad de rendirle cuentas a nadie más que a mí, que ya es más que suficiente. A alguien le podría parecer que así es mucho más cómodo, que uno se exige en función de las apetencias. Pero no, no es así. Es cómodo en muchos sentidos, no cabe duda, pero mi nivel de exigencia para conmigo es tan alto que no necesito a nadie que me diga "tendrías que haber ido más rápido" o "te habría hecho falta más intensidad, más volumen". Ya me lo digo yo solito.
 
Por fortuna, correr se ha convertido para mí en un hábito tal que, en muchas ocasiones, sobretodo por las mañanas, ponerme las mallas y las zapatillas, coger las gafas de sol e ir al baño con la camiseta sobre el hombro, es un automatismo que no refleja las verdaderas ganas de correr que anidan en mí a esas horas, las articulaciones doloridas, la mirada soñolienta, el ánimo atado a la pata de la cama,...
 
Cada día, los primeros pasos, los que significan romper la inercia que me quiere anclar a la habitación con la mirada perdida en el techo, son los más complicados. Entonces el aire comienza a entrar en mis pulmones a raudales, el sol empieza a calentar mi espalda y mis tobillos dejan de quejarse conforme pasan los kilómetros, y me siento otra vez vivo.
 
Luego, por supuesto, está la gran suerte de haber coincidido aquí con varios grandes atletas, y especialmente con Alberto, al que paso a paso voy conociendo, al igual que él a mí. Vínculos de runner, de los que escribía hace ya unos meses, y que se van forjando metro a metro, pulsación a pulsación, segundo a segundo. A veces soy tan estúpido, que no me doy cuenta de lo afortunado que soy...


viernes, 2 de agosto de 2013

Día 91: BJJ para "relajar"

Km recorridos (día/total): 5,2/581,5                                   Vueltas dadas al perímetro (día/total): 1/198
 
Hace un rato acaba de terminar mi sesión de Brazilian Jiu Jitsu. Lo ha hecho como me gusta, con un buen rato de combate de suelo con un tipo duro, el que dice que parezco un avatar, y lector asiduo de este blog (lástima que no tenga una foto del tute tremendo que nos hemos dado durante los últimos quince minutos de clase). Al finalizar, tenía los brazos aún temblando del esfuerzo, aunque eso no ha sido impedimento para completar otras cuarenta flexiones en mi habitación antes de ir a cenar. Mañana llego a cinco mil.
 
Por segunda vez durante esta semana no he corrido por la tarde, aunque creo que me viene muy bien alternar y hacer un ejercicio un poco más anaeróbico al menos un par de días a la semana. Mañana tocará de nuevo volver a la carga, mañana y tarde, con unas cuantas series de mil junto a Alberto y compañía. Por cierto, hoy he estado comiendo por él. Ya casi lo tengo convencido para que se venga a Valencia con nosotros el día 17 de noviembre. Es su momento para bajar de las tres horas. Yo lo sé, y él también.
 
Por la mañana, a parte de mis cinco kilómetros de regeneración del día de hoy, he tenido sesión de fisio. Mis isquiotibiales, el vasto externo y el sóleo de mi pierna izquierda van un poco mejor. Aunque pueda parecer lo contrario, la falta de entrenamiento de intensidad no hace sino mitigar las molestias y sobrecargas que arrastro. Veremos a ver mañana por la tarde qué es lo que dan de sí, cuando les exija correr un poco más rápido.
 
En cualquier caso, mi adaptación al cambio de volumen ha sido buena, y ya apenas me resiento de un día para otro, salvo en los momentos iniciales de arrancar a correr. Pero lo cierto es que nunca he sido de correr por las mañanas a primera hora, recién levantado de la cama. Me pregunto si alguna vez seré capaz, cuando vuelva, de erradicar esta costumbre aquí adquirida. Me va a resultar difícil, pero al menos los dálmatas lo agradecerán, deseosos como están cada mañana de echar a correr.
 
Esta mañana iba pensando que, a lo mejor, una semana de estas, allá por septiembre, intento hacer un tope de volumen de carrera, a ver qué tal se da. No sé, algo así como llegar a los cien o ciento veinte kilómetros en siete días. Seguramente no será complicado en cuanto aumente un poco la duración de las sesiones de la tarde, cosa que no tardará mucho en ocurrir si quiero llegar a noviembre en unas condiciones óptimas para hacerlo decentemente. Al final, mucho me temo que la meta de los mil doscientos kilómetros quedará muy atrás. A este ritmo, no me cabe la menor duda.
 
Es tarde ya, y después de una semana muy intensa, demasiado en según qué aspectos y momentos, estoy agotado. Mañana me toca masaje. Lo estoy deseando con toda mi alma. También desconectar una parte de mi cerebro, aunque eso, a día de hoy, está más difícil.
 
Si hay algo que estoy aprendiendo aquí, es a tener paciencia. A la fuerza, qué remedio. Espero doctorarme pronto en la materia. A ratos parece que así será. En otros momentos, parezco olvidar todo lo aprendido, y tengo que volver a empezar de cero.
 
Con lo que cuesta.
 
Por suerte, nunca fui de rendirme.
 

jueves, 1 de agosto de 2013

Día 90: irreflexiones, decisiones

Km recorridos (día/total): 14,5/576,3                                 Vueltas dadas al perímetro (día/total): 3/197
 
Hay cosas en la vida que se deciden por un detalle. Al menos en mi caso, muchos acontecimientos están marcados por una profunda irreflexión, o lo que es lo mismo, por una ausencia total de juicio sólido. Me pasó, por ejemplo, cuando decidí ir a la Titan Desert, más tarde con la Ruta de los Conquistadores, con los 101 kilómetros de Ronda, con la Ruta de las Fortalezas,... No siempre, he de decirlo, fueron decisiones acertadas. Pero fueron decisiones, al fin y al cabo.
 
Llevaba ya varios días con algún que otro cabo suelto, sobre todo en lo referente a la maratón que, si todo va bien, quiero correr a mi regreso. Estaba pendiente de la fecha de mi relevo para decidir si iba a Murcia o a Castellón. Una era demasiado pronto, demasiado arriesgada. La otra, demasiado tarde, a pesar de lo especial del lugar. Estaba Valencia a medio camino entre una y otra, pero en mis intenciones nunca figuró ir a la ciudad del Turia a correr. Demasiada gente, decía.
 
Pues bien, al final, como soy experto en contradecirme, y no me da ninguna vergüenza reconocerlo, hoy, después de leer un mensaje de un gran runner y buen amigo, Pascual Vargas, al que espero con los brazos abiertos en Herat la semana próxima, he decidido apuntarme a la Maratón de Valencia. Dicho y hecho. Bueno, no exactamente así. Antes de hacerlo, faltaba una llamada para decidirme. O era con David, o no era. Resultado: inscritos sin más demora (como no podía ser de otra manera).
 
Esta promete ser una gran experiencia. Como hablaba con David, vamos a por todas, con el objetivo de disfrutar y de hacerlo lo mejor posible. Será nuestra primera maratón, juntos o por separado. ¿Qué mejor compañero de fatigas, a pesar de la distancia? ¿Qué mejor motivación que la de llegar, adaptarse al entorno e ir a correr? ¿Qué mejor manera de descontar días que ir, a su vez, sumando kilómetros y sensaciones?
 
Esta tarde hemos hecho la segunda quedada de grupo. Somos cuatro, pero bien avenidos, aunque hoy a los demás les haya tocado sufrir mis buenas piernas desde el inicio (nada que ver con la primera mitad de la mini-carrera de la mañana, un poco más con la segunda). Es divertido correr con este grupo, que se retuerce del esfuerzo en los tramos contra el viento pero no ceja en su empeño. Grandes atletas todos ellos: Alberto; Simón, Soria,...
 
El beneficio es mutuo, se mire por donde se mire. A ellos les aprieto con cierto criterio, buscando su mejoría, sus límites. A mí me gusta sentir su aliento a mi espalda, correr hombro con hombro, animarles a salir después de una pausa, o cuando flaquean las fuerzas...
 
El primer día de agosto se ha ido casi sin hacer ruido, o al menos sin un ruido audible para la mayoría. Las temperaturas han descendido ligeramente, el viento ha soplado con fuerza y las nubes de polvo han revoloteado por todos sitios. Nada a lo que no esté acostumbrado, después de tres meses.
 
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