Mostrando entradas con la etiqueta Ruta de las Fortalezas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ruta de las Fortalezas. Mostrar todas las entradas

sábado, 20 de abril de 2013

Ruta de las Fortalezas: el fracaso es la semilla del éxito



Para ser sincero, me gustaría comenzar esta crónica diciendo que la prueba me ha ido genial, que he cumplido con creces con las expectativas que me había generado después de un gran año y que he disfrutado cada metro de carrera. Pero no ha sido así, y creo que uno debe ser capaz de hablar de sus fracasos en la misma medida que lo hace de sus éxitos. O incluso en mayor medida: a todos nos gusta ganar, triunfar, superarnos,... Yo no soy una excepción: soy un competidor nato, un deportista que lucha por ser cada día un poco mejor que el anterior.
Fortalezas 2013-6Hoy, qué duda cabe, me ha tocado enfrentarme a una cara un poco más amarga de lo que es todo esto. Y eso que tenía unas sensaciones inmejorables de cara a la prueba. A las seis hacía rato que tenía los ojos como platos, así que cuando ha llegado David a las siete menos cinco estaba totalmente listo. Inmejorable ambiente en Cartagena, bajo un techo de nubes que arrastraba el viento de levante. Y entre una cosa y otra, saludos, sonrisas, buenos deseos para todos, comenzó la prueba.
De primeras, David, Óscar y yo hemos hecho una aproximación relajada al Calvario, para ir cogiendo sensaciones poco a poco. Sin embargo, al comenzar la subida, enseguida he notado que no iba. Parafraseando al de "Aterriza como puedas", elegí un mal día para tener malas piernas. Pero había que continuar, con la esperanza de ir encontrándome con el paso de los kilómetrosPero no, tampoco era el día para encontrarse, y a pesar de ir marcando los tiempos esperados (poco menos de una hora en San Julián, poco más de hora y media en el kilómetro 20, dos horas al coronar Fajardo), y de contar con la inestimable compañía de Fernando, del Club Atletismo Mandarache (gracias de todo corazón por tu paciencia para rodar a mi lado durante kilómetros), con el paso del tiempo me iba encontrando cada vez peor, y empezaba a sufrir muscularmente demasiado pronto.
La subida a Galeras se convirtió en un penoso peregrinaje, anticipo de lo que venía después. Subiendo me crucé con Óscar, que estaba haciendo un carrerón, y justo al empezar la bajada con David, que también se salía. La transición a la Atalaya fue ya un sufrimiento físico y mental absoluto. Palabras de ánimo del grandísimo Alberto González, pero ni por esas. Al empezar a subir la Atalaya me pasó un montón de gente, y cuando me alcanzó David  no era capaz ni de progresar decentemente a pie. En ese punto he empezado a valorar si me merecía la pena alargar la agonía y completar la prueba. Bajando, esa posibilidad se ha convertido en una imposibilidad física para continuar sin poner en riesgo mi salud física durante unas cuantas semanas. Me dolía todo, y era incapaz siquiera de trotar. Sonrisas de agradecimiento para los que me regalaron palabras de ánimo...
P1040568Así que terminada la bajada, la decisión estaba más que tomada. Tres horas y media, y a casa. Encontré a unos buenos compañeros que me acercaron hasta meta, donde Teresa esperaba verme pasar. Otra vez será. Me derrumbo un poco. Aún me quedaban lágrimas de impotencia...
Sería injusto valorar el trabajo que uno ha realizado por un resultado aislado, incluso cuando se ha dado en la prueba que era mi objetivo para este año. Podría enumerar un montón de posibles factores que, en cierto modo, pueden haber influido en mis bajas prestaciones de hoy pero, sinceramente, desde que he terminado esta mañana a mi mente no acuden las excusas. En los primeros momentos, me invadía la decepción, la frustración de no haber estado a la altura. Sin embargo, con el paso de las horas comienzo a valorar este fracaso como la semilla de futuros éxitos, y me invade la sensación de que tengo muchas cosas que mejorar por delante. A buen seguro volveré a fracasar nuevamente, pero da igual. En muchas ocasiones, se aprende más de la derrota que de la victoria.
Valorar negativamente, como digo, todo un año por un mal resultado es injusto. A mi la temporada me ha dejado grandes momentos. Probablemente, he aprendido más que nunca: el simple hecho de haber iniciado este blog me ha hecho crecer muchísimo como persona y como atleta, por no hablar de lo que me ha aportado el Proyecto 101 en todos los sentidos. Y sin embargo, de todo ello, me quedo con la oportunidad que he tenido de cultivar una gran amistad, de haber podido compartir muchos kilómetros y muchos ratos buenos y a veces malos con una persona a la que admiro.
David, este artículo es mi felicitación personal por la gran prueba que has realizado hoy y mi agradecimiento más profundo por todos esos momentos que hemos compartido y que compartiremos en el futuro. Tus éxitos han sido fruto únicamente de tu esfuerzo. Para mí ha sido un placer que me hayas permitido guiar ese esfuerzo por donde creía que podría dar más frutos. Hoy no debe haber alegrías a medias. De verdad pienso que, escondida bajo tantos kilómetros de malas sensaciones, hay una enseñanza que no tardaré en descifrar. Míralo así: hoy yo también he ganado. ¡Gracias de todo corazón!
Y gracias también a todos aquellos que, de un modo u otro, han seguido este blog durante estos últimos meses. Todo lo que en él aparece está escrito desde la imperiosa necesidad de compartir humildemente con vosotros mis experiencias. Espero que, a pesar de que la Ruta de las Fortalezas 2013, aunque reciente, ya es historia, continuéis haciendo una visita de vez en cuando a estas páginas, donde en breve comenzaré a escribir mi "Diario de un corredor afgano". ¡Gracias!

viernes, 19 de abril de 2013

El día D-1 de la Ruta de las Fortalezas: hay kilómetros de sobra


Ya lo tengo todo prácticamente preparado: dorsal (gracias a los que han hecho los trámites y lo han recogido esta mañana, ahorrándome un viaje extra a Cartagena), camiseta, mallas, zapatillas y calcetines. Me falta hacer la fotocopia del DNI y pegarla en su sitio en el pasaporte y preparar un bote de vaselina y una bebida isotónica para mañana por la mañana, porque desde que salgo de casa hasta que la hora de comienzo pasará casi una hora, y es conveniente estar bien hidratado desde el principio.
923435_10200929223303307_1213853381_n

Hoy me he tomado el día con mucha calma. A media mañana he salido a rodar muy suave (demasiado, para mi gusto, tanto que casi me cuesta un esguince de tobillo, por no estar a lo mío...) con dos grandes deportistas y amigos: Paco Luque, genio y figura del triatlón a nivel nacional, y Alfonso Pellejero, que después de unas vacaciones de algunos años y a costa de sudar lo suyo, está otra vez camino de volver a ser el gran atleta que era hace unos años.
Por lo demás, es una suerte que haya cuartos de final del Masters 1000 de Montecarlo, porque no me ha hecho falta mucho para poner las piernas en alto y pasarme unas cuantas horas en el sofá, intentando no pensar mucho en la prueba de mañana, aunque sin mucho éxito. Volviendo al artículo anterior, en parte es como si ultimase mentalmente los detalles y la estrategia adelantándome a las posibles situaciones para, en la medida de lo posible, centrarme en hacer mi propia carrera.
Eso es, probablemente, el factor más importante a día de hoy: la capacidad que cada uno tenga para centrarse en su propia prueba. En una distancia tan larga es vital no ir por encima de las propias posibilidades, y a buen seguro nos encontraremos con muchos que simplemente vayan a otro ritmo. Parece que no, pero dos o tres segundos más rápido o dos o tres pulsaciones por encima de nuestro ritmo se notarán con el paso de los kilómetros, y no hay por qué: por suerte, tenemos distancia de sobra para exprimir al máximo nuestras capacidades, pero a su tiempo: lo poco que podamos ganar por querer ir rápido de más lo perderemos con creces si reventamos, y al contrario: si guardamos, luego lo agradeceremos. Hay kilómetros para gastarlo todo varias veces.
Así que lo mejor es ir de menos a más, comer y beber bien en todos los avituallamientos y disfrutar de la prueba, que no deja de ser una excelente oportunidad para competir y aprender sobre uno mismo. Kilómetros hay más que de sobra...
Y hablando de kilómetros, ¿todavía no sabéis qué es el Proyecto 101: 1 kilómetro, 1 euro? ¿Por qué no os animáis a tomar parte y sumáis aunque sólo sea uno de los kilómetros que correréis mañana? El de la subida al Calvario, por ejemplo, que da más de sí. Al final, habríamos hecho algo muy grande.
Ahí lo dejo, por si alguno se anima a última hora, junto con mis mejores deseos para todos de cara a mañana. ¡Mucha suerte!

miércoles, 17 de abril de 2013

Vidi, veni, vici: visualización, el último escalón


En el año 47 a.C. Julio César describió escuetamente una rápida victoria suya sobre Farnaces II del Ponto en la Batalla de Zela con la famosa y breve frase "veni, vidi, vici", o lo que es lo mismo: "vine, vi, vencí". Así de rápido y fácil. Y dirás: "¡en el título lo has puesto al revés!". Efectivamente, así es. Y es que yo no me parezco, ni de lejos, al gran estratega militar romano, que guiaba con suficiencia a las legiones del Imperio Romano por prácticamente todo el suelo europeo, cosechando, en la época de máximo esplendor del mismo, victoria tras victoria.
200px-Vexilloid_of_the_Roman_Empire.svgSin las grandes habilidades guerreras del gran César, a mí me cuesta bastante más y tengo que echar mano de algunas estrategias mentales que me ayuden a batirme el cobre con los kilómetros y las pendientes de Cartago con ciertas probabilidades de éxito. Por eso, como ultimísimo escalón del período de preparación, me he tomado la libertad de alterar ligeramente el orden de las palabras de aquel: vi, veni, vici (entendiendo el triunfo, claro está, como una culminación de mis objetivos personales).
En estos días más de uno se sube por las paredes, velando armas para el gran desafío del próximo sábado (hoy me ha salido la vena belicosa...). Al menos a mí, las dudas me corroen, el cuerpo adivina el intenso esfuerzo que se avecina, la impaciencia me puede... No pasan las horas, me aparecen pequeñas molestias por todas partes y me siento pesado, por momentos incapaz de afrontar los 51 kilómetros de la prueba. Estos son los días en los que más se tiene que creer en el trabajo que se ha realizado, en que nuestra preparación ha sido la adecuada, en que sí que podemos, sí que somos capaces de estar a la altura de las circunstancias. Parece que hay poco que podamos hacer, más que esperar...
Y sin embargo, hay un trabajo mental que sí se puede llevar a cabo: la visualización de la prueba. Todos hemos visto como, por ejemplo, antes de un salto de altura, o de longitud, el atleta vive la ejecución del mismo antes de que se produzca, como habrá hecho miles de veces con anterioridad.
Estos días, a mí me gusta dedicar unos minutos de vez en cuando a repasar la carrera mentalmente, tal y como yo preveo que puede desarrollarse: los momentos previos a la salida, los primeros kilómetros, las subida al Calvario, con sus curvas, sus detalles, el primer avituallamiento, la bajada cruzándome con los valientes que aún están enfilando las temibles rampas, el tramo de transición hasta el Castillo de San Julián, la bajada técnica a continuación,...y así, hasta los últimos metros antes de entrar en meta, en los que me recreo voluntariamente con una secreta intención: parece que lo que he visualizado llegará, tarde o temprano, así que me gusta revivir esos postreros instantes de la prueba porque sé que, durante muchos momentos de la mañana del sábado, tirarán de mí.
En mi visualización previa de la prueba no hay espacio para las molestias y las ampollas: sólo cabe el éxito, la culminación positiva de esta gran aventura. Eso me ayuda a querer terminar, incluso en aquellos momentos en los que sé que será duro. La determinación es clave, y empieza no con el cañonazo de salida, sino mucho antes. Comienza durante las sesiones de entrenamiento, sigue en la camilla del fisio, en los malos ratos, en los días de viento y frío, cuando tanto apetecía quedarse en la cama,...y sigue ahora, en estos días en los que uno no sabe muy bien con que llenar las horas que no se entrena.
Por eso yo, que soy un atleta muy normalito, sin las divinas destrezas del César, tengo que tomarme ciertas libertades que alivien el sufrido paso de los kilómetros. Por eso, no creo que a la historia le importe mucho que esta semana cambie el orden de la famosa frase, de tal forma que el sábado a mediodía pueda decir: vi, vine,...¡vici!

domingo, 14 de abril de 2013

Desafío Fortalezas-Ronda 2013: los últimos días


Quedan sólo 5 días para la Ruta de las Fortalezas. Con todo el trabajo hecho, a estas alturas únicamente queda pulir un poco nuestro entrenamiento y no hacer nada que estropee el estado de forma que tanto ha costado alcanzar. Bueno o malo, mejor o peor, lo único cierto es que, a día de hoy, nuestro margen de mejora para afrontar la prueba es mínimo. Sin embargo, y por desgracia, un mal enfoque de estos últimos días sí que puede  disminuir nuestras prestaciones de cara a la carrera.
Una cosa está clara: lo que no hayamos entrenado hasta el día de hoy, los kilómetros que no hayamos corrido o andado, las cuestas que no hayamos subido o bajado,...todo eso no se podrá entrenar, correr, andar, subir o bajar durante el tiempo que queda hasta el sábado. Estos últimos días no nos servirán para ser más rápidos, más potentes o más resistentes. Eso es algo que hemos tenido tiempo de hacer en estos últimos meses y que, por diversas circunstancias, habremos logrado en mayor o menor medida. Así que esta semana no es una semana de entrenamiento. Más bien, es un breve período de preparación para lo nos viene encima.
Primeros kilómetros de la edición del año pasado
Primeros kilómetros de la edición del año pasado
Hay quien es a duras penas capaz de tomarse los días previos a una gran competición con cierta tranquilidad, quien piensa que, de no entrenarse duramente hasta casi el momento previo a la salida, su nivel de entrenamiento se verá disminuido y sus probabilidades de éxito disminuirán. Sin embargo, la clave del éxito o fracaso reside, casi a partes iguales, tanto en nuestro entrenamiento previo como en la puesta a punto para la prueba.
Para mí estos últimos días son verdaderamente importantes. Hay que descansar, pero también recordar a nuestros músculos que en breve se les exigirá mucho. Para que rindan al máximo de sus posibilidades tendremos que mimarlos, aunque no en exceso. Yo, por ejemplo, mantendré la intensidad del entrenamiento hasta el martes, pero disminuyendo el volumen, de tal forma que no haya desgaste, y sí mantenimiento de las capacidades. Como muy tarde el miércoles por la mañana haré una visita al quiromasajista para descargar bien la musculatura y ponerla a punto. Los tres últimos días me limitaré a rodar muy suave, como mucho 20 o 30 minutos, con pausas y alguna que otra progresión, procurando estirar bien y encontrar buenas sensaciones.
Otros factores a tener en cuenta son la alimentación y la hidratación previas al día de la carrera. Desde tres o cuatro días antes, primarán en mi dieta los hidratos de carbono y abundante líquido, e intentaré evitar, entre otros alimentos, la carne roja, que por su alto contenido proteico me daría una tensión muscular excesiva para una prueba tan larga. En otras palabras, me predispondría a gastar mis recursos energéticos demasiado rápido. El día antes de la competición cenaré algo ligero acompañado de una sopa de sobre de las de toda la vida, ya que favorecerá la retención de líquidos de cara al exigente esfuerzo del día siguiente.
Y por último, el sábado me levantaré al menos un par de horas antes del inicio de la carrera (habré dejado todo el material preparado la noche anterior, para evitar prisas de última hora), desayunaré como siempre, daré un paseo con los perros y me dirigiré a la línea de salida lleno de ganas y mentalizado para completar los 51 kilómetros a tope, pero con cabeza.
Así que ya sabéis, tomaos con calma estos últimos días, no experimentéis cosas nuevas ni os dejéis llevar por los nervios propios de esta gran aventura. Para bien o para mal, está todo hecho. Es cuestión de no estropearlo.

jueves, 21 de marzo de 2013

Desafío Fortalezas-Ronda 2013: afrontando la recta final


Después de las últimas noticias (sobre las que podéis leer en la entrada de ayer, Reinventando el Proyecto 101), y de la decepción que supone para mí aceptar el hecho de que este año no podré estar en la salida de los 101 kilómetros de Ronda, llega la hora de plantearse nuevos retos que mitiguen en parte la sensación de vacío que me quedará el día 11 de mayo.
Me duele por varios motivos: en lo deportivo, porque los 101 son para mí, como para cualquiera que ame el deporte y tenga el firme propósito de superarse día a día, un gran desafío; en lo personal, porque asistir a la prueba se ha convertido en un buen motivo de encuentro con amigos que están lejos el resto del año, y a los que echaré de menos. Sin embargo, y siendo honesto, todo esto queda en un segundo plano ante el reto familiar y profesional que se avecina.
En medio de toda esta tempestad emocional, apenas ha habido tiempo para darse cuenta de que sólo faltan apenas 30 días para el comienzo de la Ruta de las Fortalezas, prueba en la que finalmente tendré que centrar todos mis esfuerzos competitivos de este año, al menos hasta noviembre. Entramos en la recta final, donde hay que cuidar todo al mínimo detalle para llegar a la gran cita de Cartagena en un buen estado físico. Desaparecido a la fuerza de mi horizonte deportivo el reto de los 101 kilómetros, me queda al menos la tranquilidad de poder dedicarme a la RDLF sin tener que afrontar el esfuerzo físico y mental que suponía para mí correr en Ronda tan sólo tres semanas después, tras el fallo de planteamiento del año anterior.
Es hora de seleccionar bien lo que entrenamos y de dejar que el cuerpo se recupere bien de los esfuerzos realizados, para llegar al día 20 de abril en la mejor forma posible. Todo lo que hemos hecho hasta este momento queda atrás, conformando los cimientos sobre los que se ha de asentar la parte definitiva de nuestra preparación. Quedan, si acaso, un par de semanas durante las que mejorar nuestra base aeróbica y realizar un buen trabajo de potencia. Posteriormente, tendremos que dedicar las dos semanas restantes a realizar una buena puesta a punto (échale un vistazo al artículo El arte de la puesta a punto para más información).
He de decir que, si queremos afrontar con ciertas garantías de éxito este último tramo de la preparación, no estará de más dedicar al menos un par de sesiones a la recuperación muscular, poniéndonos siempre en las manos de un buen profesional. Yo me confiaré a la experiencia del Centro de Salud Natural Juan Diego Aparicio, en Torrepacheco, y a mi fisio de confianza en Madrid, José Luis Izquierdo, líder del gran equipo de Fisioizquierdo, para llegar en las mejores condiciones posibles.
Después vendrá el momento de analizar los nuevos retos que se presentan, siempre ligados, como no puede ser de otra manera, a un par de zapatillas. Como deportista, tengo claro que los momentos difíciles nos hacen crecer, que después de caer hay que levantarse y que una dificultad es una oportunidad de mejorar. Pues bien, tengo ante mí un período de crecimiento que, en cierto modo, me apasiona. A pesar de los momentos difíciles que puedan estar esperando.

jueves, 14 de marzo de 2013

Desafío Fortalezas-Ronda 2013: algunas cuestiones tácticas

A pesar de que hace casi tres meses parecía que esto no llegaría nunca, estoy empezando a notar cada vez más próximo el aliento de las para mí dos grandes pruebas de este año: la Ruta de las Fortalezas y los 101 kilómetros de Ronda. Y eso que sigue haciendo frío, que por ahí abajo, en los alrededores de Ronda, llueve a cántaros y que en lo alto de las baterías de costa que rodean Cartagena soplan a día de hoy vientos huracanados. Pero no me dejaré engañar: los días son cada vez más largos, el sol, cuando quiere salir, empieza a apretar lo suyo, y se respira en el aire virtual de las webs la inminencia de la competición.

Uno empieza a visualizar la salida, los puntos intermedios, los avituallamientos, las cuestas...Ayer me sorprendí reviviendo el último kilómetro de los 101. Seguramente, por encima de todas las razones que se tienen para volver, una sea la de correr ese último kilómetro, con las emociones a flor de piel y la certeza, en ese momento sí, de que se va a culminar un sueño. Un kilómetro de felicidad absoluta.
Hoy quería escribir brevemente sobre algunas cuestiones tácticas, sobretodo referentes al tema de las mochilas, que a buen seguro trae de cabeza a mucha gente a estas alturas. ¿Llevo mochila? ¿No la llevo? ¿Mejor una riñonera? ¿Qué dejo preparado en Setenil y en el cuartel? Como ya he escrito una entrada al respecto (puedes complementar este artículo con dos artículos: Estrategias y Material de carrera), me centraré en la que considero la táctica más adecuada si vas a correr la mayor parte del tiempo.

En la Ruta de las Fortalezas no hay opciones: o llevas algo o no llevas nada. Los avituallamientos están muy bien situados y la distancia es relativamente corta como para necesitar transportar una mochila todo el tiempo. En esta edición hay que tener en cuenta que están prohibidos expresamente los apoyos externos, así que cada uno tendrá que hacerse valer con lo puesto y lo que encuentre en los puntos fijados por la organización: plátanos, naranjas, frutos secos, agua y bebida isotónica. Para mí es más que suficiente.

En Ronda la cosa cambia, aunque poco, dado que hay dos puntos situados estratégicamente en los que puedes dejar una mochila con lo necesario: el primero en el kilómetro 55, aproximadamente, y el segundo en el cuartel de la Legión, antes del kilómetro 80. Hasta ese primer punto, yo no llevaría nada de nada. La distancia entre avituallamientos es perfecta para cubrirla en un tiempo óptimo. Eso sí, hay que olvidarse de las prisas desde el primer momento, y hacer de cada punto un lugar de parada mínima pero obligatoria.

En Setenil uno puede dejar preparada una mochila según sus necesidades, y continuar sin peso adicional hasta el cuartel. Si todo va bien, llegar al cuartel desde allí será cuestión de entre dos horas y media y tres horas, así que hay que calcular las horas de luz por el tema del frontal y la ropa de abrigo. Yo dejo este material preparado en el cuartel de la Legión. Saliendo a las 11 de la mañana, uno tiene en torno a 11 horas de luz natural antes de alcanzar ese punto. Es cuestión de hacer cuentas y determinar dónde dejar ese material.

En la mochila del cuartel, como digo, es conveniente dejar preparado un frontal y ropa de abrigo. No olvidéis, no obstante, comprobar las predicciones meteorológicas la mañana de la prueba, para conocer de primera mano qué temperaturas aproximadas nos esperarán a partir de la caída del sol. Eso nos ayudará a escoger el material de manera adecuada. Aparte, siempre es conveniente tener en la mochila (tanto en Setenil como en el cuartel) vaselina, gasa y esparadrapo, algún spray o pomada analgésica, así como unas pequeñas tijeras y aguja e hilo con las que intervenir de urgencia alguna que otra ampolla.

Teniendo en cuenta el terreno que viene a continuación y las condiciones físicas de cada uno, también puede ser una buena opción tener unos bastones preparados. Nos ayudarán en las subidas posteriores, donde difícilmente, al menos en mi caso, puedo optar a trotar. Y de nuevo, vuelvo a recomendar que dejemos en el cuartel todo lo que nos sobra, que ya nos lo llevarán a meta, y partamos con lo justo. Hay que tener en cuenta, a este respecto, que llevar peso adicional implica un incremento de las pulsaciones medias y un gasto energético suplementario. Siendo la exigencia en este sentido ya de por sí extrema, ¿qué necesidad hay de endurecer las condiciones?

En cualquier caso, en los 101 kilómetros de Ronda están permitidos (si no estoy equivocado), los apoyos externos, así que aquel que tenga la suerte de contar periódicamente con un poco de ayuda extra (se me ocurre un bocadillo de jamón y una Coca Cola después de Arriate...) puede organizarse de otra manera. Sin embargo, yo no apostaría toda mi suerte a ellos, dado que es difícil coordinarse en determinados momentos, y no hay por qué añadir elementos de estrés a la carrera.

Lo que necesitemos de verdad debe estar en las mochilas, de tal forma que cualquier descordinación, en muchas ocasiones obligada por las circunstancias del día (multitud de desplazamientos cortos, carreteras cortadas temporalmente,...), no afecte más que mínimamente al desarrollo de nuestra prueba, o lo que es peor, nos impida disfrutar de la misma al cien por cien.

lunes, 11 de marzo de 2013

El primer entrenamiento serio y los minutos de la basura

En el argot deportivo, los minutos de la basura son los que restan cuando todo está decidido pero el partido aún no ha terminado. Sin embargo, hay que jugarlos. Trasladando este concepto a la carrera a pie, para mí los minutos de la basura son aquellos en los que ya se ha entrenado todo lo que se tenía que entrenar, uno está agotado muscularmente y aún así continúa corriendo, que no entrenando, por el simple hecho, en la mayoría de las ocasiones, de que se había propuesto completar un número de kilómetros determinado.

Digo "corriendo, que no entrenando", porque a partir de ese punto lo único que se hace es desentrenar y castigar al organismo, haciendo no sólo que más allá de ese momento lo que se haga no nos aporte ningún beneficio, sino además echando por tierra, probablemente, todo lo conseguido. Se incrementa además, en esa fase, el riesgo de padecer una sobrecarga o una lesión. Los síntomas son claros, al menos en mi caso: agotamiento, rigidez muscular y tendinosa, alteraciones en del gesto técnico,... Todas ellos son indicaciones evidentes de que ha llegado la hora de marcharnos a casa.

El sábado tuvo lugar el primer entrenamiento serio de la temporada: la idea era completar dos vueltas a un circuito de casi 17 kilómetros con doble subida al Calvario y al castillo de San Julián. Como estos entrenamientos provocan un fuerte desgaste orgánico, y no es cuestión de andar en la cuerda floja desde enero, he reservado lo mejor para este último mes antes de la RDLF, cuando ya hay una buena base de kilómetros acumulada. La primera vuelta fue estupenda, fácil, sin dejar de correr a buen ritmo, con la dureza que se le supone al terreno. Después de bajar hasta el coche a rehidratarnos un poco y hacer un cambio de compañero (David y yo completamos las dos vueltas, pero tuvimos una "liebre" distinta en cada una de ellas: Óscar en la primera y Guillermo en la siguiente), comenzamos el segundo giro.
 
El Calvario, como ya he descrito en otras entradas, es una subida de potencia. Cuesta a la primera, pero más a la segunda, cuando los músculos están tirando de grasas y el glucógeno hace ya tiempo se ha agotado. Bajando empecé a notar la tensión muscular, sobretodo en la zona del sóleo derecho, me dolían los pies y no estaba nada ágil de piernas. La subida al Castillo de San Julián se me hizo eterna, con sus curvas de herradura y los largos tramos de pendiente constante con el viento en cara. Al llegar arriba estaba k.o., así que cuando llegó David y junto con Guillermo empezamos el descenso, decidimos evitar la bajada de San Julián por el lado de la carrera, por donde se precisa estar en buenas condiciones físicas, y poner rumbo al coche por el camino más corto sin grandes alardes y poca conversación (señal inequívoca de que estábamos deseando terminar). De vez en cuando cantaba los kilómetros para animar un poco: 30, 31, 32...Al final, la llegada al coche fue un alivio para David y para mí, no tanto para Guillermo, que tuvo la buena (o la mala) suerte de pillar la vuelta lenta e iba aún sobrado de ganas y fuerzas (ya te pillaremos...).

sanjulian
Una misma subida puede ser muy distinta, en función de las condiciones en que uno la afronte. Lo llevaba pensando todo el entrenamiento, y por la experiencia de los entrenos del año pasado sabía que no me equivocaba: si la segunda subida al Calvario es dura (pero muy corta, afortunadamente) en comparación con la primera, la siguiente a San Julián no tiene nada que ver con la primera vez que se afrontan sus rampas. Con 25 kilómetros en las piernas hay que tener mucha determinación para subir a ritmo y sin desesperarse, porque ya no hay de donde tirar, sobretodo en este primer entrenamiento duro de verdad. Por eso creo que analizar las subidas de forma independiente carece de sentido, ya que lo que se sube con 5 o 10 kilómetros recorridos poco o nada se asemejará a lo que se hace con 3 o 4 horas de esfuerzo en el cuerpo.

La realidad es que, a falta de poco más de un mes, estamos donde queríamos, pero nos queda lo más duro: los entrenamientos de acumulación de volumen, desnivel positivo y fatiga. Y, si cabe aún más a partir de este punto, hay que estar casi diariamente evaluando qué entrena y qué no, de tal forma que, en este caso, una readaptación de las cargas de trabajo a tiempo puede ser vital.

Sobre el asfalto no hay minutos de la basura. Sólo más o menos desgaste. Que nos aproveche o no, ya es otra cuestión...

jueves, 7 de marzo de 2013

Desafío Fortalezas-Ronda 2013: ¿Por qué vuelvo?


Mi idilio con los 101 kilómetros de Ronda comenzó, como muchas cosas en la vida, casi por casualidad. En cuestión de meses, pasé de no haberme siquiera planteado la carrera a estar en la línea de salida. Ese año en concreto, hace tres ediciones, fue para mí un desastre, producto de mis faltas de experiencia y de paciencia: a mitad de preparación padecí una fascitis plantar aguda, y aunque me empeñé en ir a Ronda, me quedé, entre lágrimas de dolor y de frustración, a un par de kilómetros de Setenil. Sin embargo, se había prendido la llama en mi interior. Volvería, estaba seguro.

Tuvieron que pasar un par de años hasta la siguiente edición. De nuevo algunos problemas físicos retrasaron el inicio de mi preparación hasta enero, pero en esa ocasión puede terminar, con más pena que gloria, mi primera Ruta de las Fortalezas y, cinco semanas más tarde, los 101 kilómetros. Recuerdo que desde el cuartel de la Legión hasta meta sólo pude caminar debido al agotamiento y a una inflamación del tibial anterior, y que los últimos 20 kilómetros se me antojaron una eternidad.


¡Gracias, David, por la magnífica foto!

Recuerdo el frío, el vaho a la luz del frontal, el barro del sendero paralelo al río y las luces rojas en lenta procesión brillando a lo lejos. Recuerdo el último avituallamiento, allá por el kilómetro 96, cuando un legionario me dijo que el año que viene otra vez. Recuerdo que yo le respondí que no, que ya no volvía más. Recuerdo la inmensa alegría al recorrer el último kilómetro por las calles de Ronda.

Por supuesto, al año siguiente volví. En unas condiciones personales muy difíciles, perdido, menguado psicológica y físicamente. Y claro, no son formas. Me bastó en la Ruta de las Fortalezas, pero no en los 101, que requieren un estado físico, pero sobretodo mental, superlativo. Tal vez el físico pueda flaquear. La mente no. En esta última ocasión, mi carrera acabó antes que nunca, en el kilómetro 40. Vacío. Roto.

Este año, más que nunca, estoy deseando volver a ver el vaho a la luz del frontal. A pesar del sufrimiento físico y psicológico, paradójicamente recuerdo esos momentos como instantes de verdadera paz interior. Puede que el agotamiento extremo nos conduzca a una visión mucho más sincera de las cosas, mucho más limpia. Seguro que cada uno tiene su razón para someterse a un esfuerzo mental y físico tan brutal. Puede incluso que alguno ni siquiera se haya planteado el por qué.

Existe una razón por la cuál volvemos. Una razón que los demás desconocen, que aquellos que no se han aventurado antes a algo parecido jamás entenderán. Yo no sé explicar esa imperiosidad, ese deseo que me impulsa a volver. Aunque lo intente. Es algo demasiado íntimo, que no sé definir más allá de estas palabras.

martes, 5 de marzo de 2013

Hora de aumentar el volumen

Acabo de echarle un vistazo al calendario para hacerme una idea de lo que queda por delante de aquí hasta las Fortalezas y posteriormente a los 101. En concreto, aún hay seis fines de semana antes del 20 de abril, y otros dos más antes del 11 de mayo, fechas de celebración de las respectivas pruebas. Parece una eternidad y, sin embargo, no lo es tanto, así que hay que estructurar bien lo que se quiere hacer desde ahora hasta entonces para llegar en unas condiciones óptimas.

Por mi parte, está todo más o menos claro. Para lo que es habitual, el volumen de entrenamiento puede parecer bajo, pero desde mi punto de vista y conociéndome un poco, es mi garantía de éxito, entendiendo el éxito por no lesionarme ni llegar a Cartagena y a Ronda pasado de vueltas. Ahora viene, eso sí, la hora de apretar un poco y aumentar la distancia de las sesiones de domingo, llegando a los 30 o 35 kilómetros casi de manera obligada.

El próximo sábado toca el primer entrenamiento de más de treinta con desnivel importante: un par de vueltas a un circuito que comprende las subidas al Calvario y el castillo de San Julián, en Cartagena. La semana siguiente vuelvo a tener una media maratón, la de Murcia, y aprovecharé nuevamente para hacer calidad y sobrepasar los 30 kilómetros totales. Después vienen tres fines de semana importantes, pues son los tres últimos de carga antes de la Ruta de las Fortalezas y, consecuentemente, antes de los 101 kilómetros de Ronda, ya que el período de tiempo entre una prueba y otra lo dedicaré a un descanso activo.
Dibujo
Mi circuito de entrenamiento preferido...
Además de todo, estoy considerando la posibilidad de aprovechar los días de Semana Santa para hacer un pico de volumen semanal, con tres o cuatro días de gran carga intercalados con otros de descanso activo. Eso sería la semana del 25 al 30 de marzo. Alguno de esos días sería para acumular kilómetros sin apenas desnivel.

Aunque parezca mentira, incluso cuando se está acostumbrado a entrenar en sesiones que ronden los 20 o 25 kilómetros, pasar de los 30 kilómetros conlleva inevitablemente un período de adaptación, así que hay que tomárselo con cierta calma. Uno puede tener unas sensaciones buenísimas durante el entrenamiento hasta la hora y media o dos horas, y sufrir un bajón energético importante a partir de entonces.

Por eso, es más que conveniente estructurar estos entrenamientos de tal forma que se pueda disponer de uno o dos puntos de avituallamiento intermedios. La hidratación y la alimentación durante el ejercicio son dos aspectos básicos que también han de trabajarse. Por una parte, estaremos entrenando la tolerancia del organismo a recibir alimentos y líquidos en unas condiciones anormales. Por otra, evitaremos un desgaste excesivo de nuestras reservas energéticas de emergencia y optimizaremos las condiciones del trabajo muscular.

En fin, que si todo va bien, el sábado a eso de las ocho y cuarto estaremos echando a rodar hacia el Calvario. Así que si alguien se anima, aunque sea a una vuelta, será bienvenido.

jueves, 28 de febrero de 2013

Desafío Fortalezas-Ronda 2013: cimentando el éxito

Finalmente, ayer me entoné un poco, señal inequívoca de que estoy casi recuperado del fugaz proceso viral del martes. Por si acaso, no pasé de 16 kilómetros de aeróbico extensivo, haciendo un trabajo fraccionado que me dejó muy buen sabor de boca. Luego, por la tarde, disfruté de otra sesión de fisio con Jose en Fisioizquierdo, para cuidar algunas molestias que van apareciendo aquí y allá y poner las piernas a punto para el domingo. Las visitas al fisio tienen en mí dos efectos: por un lado, el meramente fisiológico y muscular; por el otro, el no menos importante efecto relajante de un buen rato entre amigos que aman el deporte y con los que puedo compartir mis inquietudes, mis expectativas, mis miedos,…

Hoy me he dado cuenta de que ya sólo quedan 72 días para los 101 kilómetros de Ronda, y 21 días menos para la Ruta de las Fortalezas. El tiempo vuela, no cabe duda, y mañana estaremos entrando en marzo casi sin darnos cuenta. Empiezan las dudas sobre si la preparación es o no la adecuada, si estoy haciendo suficiente volumen, si estoy enfocando los entrenamientos de forma correcta… Puede que lo que planeábamos hace un par de meses se haya visto alterado por una lesión, por una enfermedad o simplemente por circunstancias personales.

Además de todo, uno entra en los foros y se pone a leer, y parece que todo lo que hace se le queda corto. Lo que leemos no hace sino generarnos más dudas, de tal forma que acabamos convenciéndonos de que tenemos que hacer más y de que quizás deberíamos variar la estructura de nuestros entrenamientos.

Unos hacen más volumen, otros recomiendan tiradas largas,…

Hablamos de ritmos, de tiempos, de estrategias,…

Fortalezas 2012
Sin embargo, en muchos casos no se tiene en cuenta que lo que les vale a unos a otros no les vale, principalmente porque es muy complicado que dos personas partan de la misma base. En esto de la resistencia, lo acumulado a lo largo de años de entrenamiento cuenta, y mucho, de tal forma que de temporada en temporada observamos no sólo una mayor tolerancia a los volúmenes de entreno, sino además una mejora de la entrenabilidad de nuestro organismo, que no es otra cosa que la adaptación a las cargas de trabajo, así como la optimización de las mismas.

Creo que el concepto “progresión” hay que entenderlo no sólo como un hecho aislado dentro de una misma temporada. En los deportes de resistencia, como en otros muchos, esa “progresión” abarca un período de tiempo mucho mayor. Lo que hicimos a lo largo de los años influye en gran medida en lo que hacemos. Cuanto más sólidos sean los cimientos (la base aeróbica) sobre los que construimos nuestro entrenamiento diario, mejor.

Al final, lo importante es tener confianza en lo que estamos haciendo y centrarnos en disfrutar de nuestra carrera. Hay que ir paso a paso en este terreno tan apasionante pero a veces tan complicado, tener paciencia y entrenar dentro de nuestras posibilidades.

El equilibrio y el sentido común deben ser los pilares fundamentales sobre los que, a su vez, cimentar nuestro presente, pero sobretodo nuestro futuro, como corredores de fondo.

martes, 19 de febrero de 2013

Desafío Fortalezas-Ronda 2013: el factor humano

Aunque hoy no toca entrada del Desafío Fortalezas-Ronda 2013, no he podido evitar ponerme a escribir, después de leer algunas opiniones (muy respetables, poco respetuosas) en los foros de las páginas oficiales de ambas pruebas. No voy a referirme a ninguna en concreto, más que nada porque sería dar publicidad a algo que, a pesar de su respetabilidad, no la merece.

Nunca llueve a gusto de todos. En particular, parece que siempre llueve a disgusto de algunos, siempre los mismos, que se dedican a cuestionar el buen hacer, la limpieza y la transparencia del mucho trabajo de unos pocos, cuya voluntad y entusiasmo han convertido a estas pruebas en un referente nacional y en modelos organizativos y humanos. Con sus virtudes y sus defectos, como es natural. Pero ejemplares hasta en eso.

Hay un libro de John Carlin llamado "El factor humano", en el cual está basada la película "Invictus", del gran Clint Eastwood. En él se resalta la importancia que tuvo Nelson Mandela en la transición del modelo de apartheid sudafricano a un sistema de gobierno democrático e igualitario. En otras palabras, se hace evidente la importancia del factor humano, o lo que es lo mismo, cómo las mismas circunstancias y los mismos medios pueden convertirse o no en grandes oportunidades en función de quién los gestione.
Para mí, la razón de que los servidores se colapsen el día de las inscripciones en ambas pruebas también tiene que ver con ese factor humano al que se refiere Carlin. Habiendo otras pruebas también de larga tradición y distancias similares a lo largo y ancho del territorio nacional, lo que hace de estas dos algo especial es, sin duda, la gente que está detrás de las mismas, entre bambalinas, cuidando que todo salga lo mejor posible, echando horas y horas de trabajo únicamente recompensado en forma de satisfacción personal.

Los 101 kilómetros de Ronda y la Ruta de las Fortalezas de Cartagena son carreras épicas no sólo por la distancia o el sufrimiento contenido en tantos kilómetros, sino por la esencia de esos kilómetros, la humanidad y el compañerismo que muchos no saben o no quieren entender. Hace unos días lo hablaba con mi amigo y compañero de fatigas, David. ¡Qué gran acierto ha sido poner en marcha una prueba como las Fortalezas, tanto como lo fue en su día la idea de crear los 101 kilómetros de Ronda! Impresiona ver lo que estas pruebas aportan a la gran cantidad de gente que se implica en ellas.

Desde enero, o incluso antes, los fines de semana Cartagena es un hervidero de marchadores y corredores que se afanan en progresar por los empinados senderos que rodean la ciudad. Y a buen seguro que en Ronda, y en muchos otros sitios, la sensación y el ambiente son los mismos. A mí me parece que éste es un síntoma de buena salud para cualquier ciudad. Al menos, es lo que respiro los domingos por la mañana.

La Ruta de las Fortalezas y los 101 kilómetros de Ronda son dos aciertos no sólo deportivos, sino sociales. Y no hay que olvidar que son eventos posibles únicamente gracias a la ilusión de unos pocos que seguramente, y en más de una ocasión, tienen que luchar contra viento y marea. Es una pena que haya quien no sea capaz de apreciarlo. Pero bueno, hay que aceptar que a quien hoy le molesta la lluvia, mañana le quema el sol.

lunes, 18 de febrero de 2013

A las Fortalezas con mis Brooks Ghost 5

Durante el fin de semana estuve meditando la posibilidad de llevar las Brooks Ghost 5 en la Ruta de las Fortalezas, en lugar de las Cascadia 7, que eran mi primera opción. Analizando la carrera de una forma global, me atrevería a decir así, a bote pronto, que el 90 % del terreno es asfalto y creo que me quedo corto. Bajo mi punto de vista, los únicos puntos conflictivos se encuentran en la bajada del Castillo de San Julián y en las subidas a Atalayas y el monte Roldán.

Ayer, para no quedarme con dudas, decidí hacer una prueba con ellas en la primera parte de la prueba, que incluye las subidas al Calvario y San Julián, y lo cierto es que me quedé bastante convencido. Como presumía, las zapatillas fueron muy bien todo el tiempo, salvo en la bajada de San Julián, que es el tramo posiblemente más técnico de la carrera. Ahí noté un poco la falta de agarre y la ausencia de refuerzos en el lateral de las zapatillas. Por lo demás, el calzado se comportó de forma estupenda.

Seguramente la diferencia entre las Cascadia 7 y las Ghost 5 sea mínima en cuanto a amortiguación. Si acaso, la de las primeras es ligeramente mejor que la de las Ghost, sobretodo si eres un corredor de más de 75 kilos. Este es mi caso, pero aún así creo que me decidiré, como digo, por las segundas, porque si bien es difícil cuantificar la diferencia entre ambas zapatillas en otros aspectos, como es el de rodar sobre asfalto, sí creo que se nota que las Ghost 5 están más destinadas a ese terreno que las Cascadia 7, cuya suela, sin ser muy radical, está enfocada a otro tipo de superficie, sin que ello las descarte para rodar bien por asfalto.

Por otro lado, creo que el cambio merece la pena sólo si se pretende rodar a un ritmo ligero en los tramos de descenso y llano, pues es en este apartado donde las Ghost 5 priman sobre las Cascadia. En cualquier caso, ambas son buenas zapatillas que ofrecerán una solución muy cómoda a aquel que todavía no se haya decidido por uno u otro calzado, y la diferencia fundamental se haya en leves matices y en preferencias personales, por encima de todo.

Por supuesto, esta distinción es extensiva a otras marcas. A buen seguro, las Nimbus 14 de Asics son una opción equivalente a las Ghost 5, e incluso con mejor amortiguación. Lo importante es que se pruebe el calzado en un terreno similar al de la prueba, y durante un tiempo prudencial, para evitar sorpresas de última hora.

Eso, y entrenar duro, porque si no, da igual las zapatillas que uno se calce.

sábado, 16 de febrero de 2013

Sobre la marcha: media a tope a la vista


Después de haber competido dos veces en tres de los últimos cinco días he podido comprobar que mi estado de forma no va nada mal, aunque la carrera del miércoles pesa lo suyo, sobretodo por los 10 kilómetros extra, con eso de aprovechar para hacer un poco de volumen. Hoy me ha costado encontrarme a gusto. De hecho, no lo he conseguido en ningún momento, y aunque iba bien de ritmos, de pulso y en la recuperación, he decidido quedarme en 2x4 kilómetros, en lugar de hacer las tres o cuatro repeticiones que tenía previstas. Bueno, en realidad tenía intención de hacer algo de calidad, pero finalmente no me encontraba con fuerzas suficientes para ello, así que cambié de planes sobre la marcha.
Equipo de Fondo Largo del pasado miércoles.
Equipo de Fondo Largo del pasado miércoles en Rota.
Mañana será otro día. En principio toca una salida larga, de entre 30 y 34 kilómetros, con cuatro subidas (dos al Calvario y dos a San Julián). Y además solo. A lo mejor me llevo a los perros, que disfrutan de estas tiradas como nadie: cuando me ven aparecer por la puerta de la calle a las siete y cuarto un domingo saben lo que toca, y se alegran, al menos aparentemente.
Entre otras cosas, también esta semana he estado reflexionando sobre lo que se viene encima. El día 3 de marzo está la Media Maratón de Cartagena, y dos semanas más tarde, la de Murcia. De ahí a la Ruta de las Fortalezas se acabaron las competiciones. En principio, lo de ir a las medias era a modo de entrenamiento, con el propósito de ir sumando kilómetros al Proyecto 101. Pero después de la San Valentín, del Campeonato Militar de Cross, y de hablarlo con David hay que reconocer que nos hemos venido arriba, y vamos a intentar ser competitivos al menos en Cartagena, aprovechando que ahora tenemos volumen, que es lo que nos faltaba en noviembre y diciembre, y que quedan dos semanas en las que meter un par de sesiones de calidad, sin alterar por ello los entrenamientos para las Fortalezas y Ronda. Eso quiere decir que nada de ir a rodar por rodar. En un par de semanas tocará apretar los dientes e intentar hacerlo bien. A ver qué tal responde el cuerpo.
Como he comentado en otras ocasiones, introducir en el programa de entrenamiento kilómetros de calidad hará que luego resulte más cómodo rodar a ritmos "lentos". El objetivo es aumentar la velocidad media sin mucho esfuerzo. Y para eso hay que correr rápido, sin descuidar la base aeróbica. Lo que no se puede permitir uno es contagiarse del ritmo de los rodajes largos y que luego las piernas no sepan ir a más frecuencia. De ahí que todas las pruebas que se hacen tengan un propósito. Por otro lado, a mí al menos me cuesta mucho hacer calidad de la buena en entrenamiento, porque me motivo mucho más en las competiciones. Así que, ¿por qué no aprovecharlas?
En fin, que de momento mañana no toca nada de esto, y únicamente tengo la incógnita de saber si los kilómetros a primera hora del domingo pasarán rápida o lentamente. Yo tengo la esperanza de que sea lo primero, y de que las piernas estén totalmente recuperadas para entonces. Ya os contaré sobre la marcha...

jueves, 7 de febrero de 2013

Desafío Fortalezas-Ronda 2013: hasta el último suspiro

Algunas veces, especialmente durante estos días en los que estoy empezando a aumentar progresivamente el volumen de las salidas, cuando termino el entrenamiento no puedo evitar pensar en lo que aún me quedará por delante en la Ruta de las Fortalezas o en los 101 kilómetros de Ronda. Para ser honesto, el pensamiento suele venir más referido a esta última prueba que a la primera tal vez porque, como he escrito en alguna entrada anterior, en Cartagena son sólo 51 kilómetros, y a poco que uno quiera darse cuenta ya está llegando a meta. Mientras, en Ronda cuando se tiene esa primera sensación de "lo que me queda por delante", suele ser, al menos en mi caso, alrededor del kilómetro 35, y por mucho que en ese momento intente minimizar lo que resta, no se puede huir del hecho cierto de que son 65 kilómetros, se pinten como se pinten. Más adelante, el cerebro vuelve a acudir a pequeñas estrategias de relativización pero, por norma general, hay momentos de total indefensión en los que uno tiene que convivir con la evidencia de que lo que le queda por recorrer es un mundo.

Me gustan estas pruebas porque al final ponen a cada uno en su sitio, especialmente si se hacen las cosas bien. Se tenga lo que se tenga, al final se gastará todo. Da igual lo tranquilo que uno vaya al principio: antes o después se encenderá la luz de la reserva y poco más tarde se acabará la gasolina. Por eso hay que hacer las cosas bien: uno tiene que encontrar el ritmo adecuado, ese que parece que no desgasta (sólo lo parece), y avanzar, siempre avanzar. ¿Qué necesidad hay de hacerlo mal y gastar de más? O lo que es lo mismo, ¿para que morirse en 50 kilómetros, teniendo otros 51 por delante, si es mejor hacerlo poco a poco y prolongar la agonía hasta el final?

Hace cuatro años fui con un grupo de gente muy joven, muy fuerte y con muchas ganas, que puso en práctica la estrategia suicida, desde mi punto de vista, de correr hasta donde diesen las fuerzas. El resultado fue que hicieron la primera mitad de la prueba en cinco horas y la segunda mitad ¡en quince! Y aún así tuvieron la fuerza de voluntad de terminar, padeciendo como nunca antes lo habían hecho. Por eso, a todo aquel que me habla de las pruebas, especialmente de los 101, le digo que no se preocupe, que al final se gasta todo lo que se tiene y mucho más. Bien es cierto que cuanto más tarde llegue ese momento en que ya no te queda nada, mucho mejor.

Me divierte muchísimo ver como, en el primer tercio de carrera, la gente pasa por los avituallamientos con prisas, casi sin pararse, intentando no perder ni un solo segundo. ¡No hay tiempo que perder! Pero no es así: queda por delante todo el tiempo del mundo. Al principio le damos importancia a los segundos, luego a los minutos, y posteriormente a las horas, hasta que llega un punto en que el tiempo deja de tener importancia, y sólo queremos llegar.

Primero pensamos: "tengo que mantener un ritmo de cinco, seis o siete minutos el kilómetro, cueste lo que cueste, no puedo perder tiempo". Luego llegan las cuestas y la fatiga moderada, y nos desanimamos al ver que el ritmo baja, pero nos volvemos a rehacer, y lo que en un principio desechábamos, ahora lo acogemos con alegría: "bueno, a siete, ocho o nueve minutos el kilómetro tampoco está mal, aunque tenga que perder un poco de tiempo en los avituallamientos". Posteriormente llega la fatiga extrema, el sueño, el hambre, el frío y el vacío energético, y estamos deseando llegar a un punto de control que nos dé una excusa para descansar unos minutos. Ya no pensamos en minutos por kilómetro, sino que hacemos una estimación del tiempo que nos llevará llegar al siguiente punto, o lo que es lo mismo, al siguiente descanso. Da gusto ver como el tiempo pierde su importancia...

Si hay algo que te enseñan las carreras de ultradistancia es que todo es relativo: los ritmos, los tiempos, los puestos, los kilómetros,...Da igual qué pretensiones se tengan al principio de la prueba: tarde o temprano dejarán de tener importancia y la prueba pondrá a cada uno en su sitio. Bueno, puede que haya una cosa que no sea relativa, después de todo: lo darás todo, lo gastarás todo. Hasta el último suspiro.

lunes, 4 de febrero de 2013

Con el viento en cara: nivel de esfuerzo.

(también puedes leer este artículo en www.ensolo10minutos.com)

Dice Séneca que "ningún viento es favorable para el que no sabe a dónde va". Yo, con el permiso póstumo de tan sabio pensador, prefiero invertir los términos: todos los vientos son favorables para el que sabe a dónde va. Incluso en aquellos momentos en los que el viento sopla más en contra, dificultando el avance y haciéndonos agachar la cabeza. Ayer fue uno de esos días en los que el viento aullaba con fuerza, casi como durante todo el fin de semana. 

Amaneció otro de esos días en los que se agradece un buen compañero de entrenamiento (puedes leer al respecto en Relaciones en ruta: correr nos iguala). Por segundo domingo consecutivo repetí circuito Calvario-San Julián en Cartagena, esta vez con David, que por primera vez desde que terminamos la Ruta de las Fortalezas el año pasado volvía al "escenario del crimen". El día, como digo, invitaba a quedarse en casa, pero allá que fuimos, deseando que en esa zona, un poco más resguardada, se notasen un poco menos las fuertes rachas de noroeste.

En efecto, así fue al menos en determinadas zonas, como la subida al Calvario y todo el tramo que conecta con la subida a la batería de San Julián. Eso nos dio pie a poner en práctica nuestra nueva táctica de entrenamiento: descansar subiendo y apretar bajando. Bueno, lo de descansar subiendo, de momento, es un decir porque, con el 25% de desnivel, el término descanso es un tanto relativo. Sin embargo, después de bajar a buen ritmo, y en una zona que parece no desgastar, pero que en realidad es durísima, tuvimos una buena charla sobre entrenamiento.

Hablamos de lo mucho que ayuda adoptar una respiración rítmica y concentrarse en ella en los tramos duros y, entre otras cosas, volvimos a darle vueltas al "nivel de esfuerzo". A pesar de que a la gran mayoría le gusta apoyarse en ritmos y pulsos, a mi me parece mucho más práctico, a la hora de entrenar, centrarnos en nuestro nivel de esfuerzo, que, independientemente de aquellos y teniendo en cuenta otras circunstancias menos medibles pero mucho más realistas (descanso, recorrido, condiciones meteorológicas, etc...), podemos desarrollar. De nada sirve empeñarse en llevar un ritmo concreto simplemente porque toca, si ese día el cuerpo no da más de sí. Y qué hacer, ¿empeñarnos en lo que no se puede? Sin embargo, si aprendemos a reconocer en que nivel de esfuerzo nos movemos, y le hacemos menos caso al cronómetro y al pulsómetro en determinadas ocasiones, a la larga haremos del entrenamiento una experiencia mucho más placentera y aprovechable.

Para ello, por supuesto, hay que experimentar mucho. Nos puede ayudar correr al lado de gente que sepa guiarnos y reconocer en qué nivel de esfuerzo nos tenemos que mover en cada ocasión determinada. Para ello hace falta empatía, conocimiento y confianza mútua, además de una buena comunicación (a menudo no verbal), de forma que sepamos sacar el máximo rendimiento a nuestra condición física puntual. El nivel de esfuerzo nos da el ritmo óptimo, y no al revés. Por lo tanto, si trabajamos con este concepto, siempre nos estaremos moviendo en los ritmos adecuados, que no son fijos. Creo que es esa adaptabilidad del entrenamiento a nuestro estado puntual la que genera mejores resultados, porque optimiza lo que hacemos.

Hay ocasiones, como la de ayer, en las que no merece la pena obstinarse por hacer una subida más, o veinte minutos más. Adaptar el entrenamiento sobre la marcha es, a veces, la mejor forma de irse a casa con buen sabor de boca. ¿Acaso hay un resultado mejor que ese? Aunque hubiésemos previsto tantos kilómetros, o tantas subidas, y al final, por una cosa o por otra, no resultase.

Nos fuimos a casa felices y contentos.

Cansados, pero satisfechos.




jueves, 31 de enero de 2013

Desafío Fortalezas-Ronda 2013: relación peso-potencia.

Últimamente me encuentro un poco flojo. Estoy intentando vigilar un poco más lo que como, porque me he propuesto bajar un par de kilos durante los próximos meses, y a veces lo noto, ya que en el momento en que hago dos o tres entrenamientos más o menos largos en días consecutivos se me agotan las reservas, y tengo la extraña sensación de que no hay de donde tirar. Eso será así hasta que mi organismo se adapte a las nuevas exigencias, guarde lo que necesita y lo optimice, de tal forma que alcance un nivel suficiente de reservas energéticas.

Perder peso de forma controlada es, en mi caso, una de las mejores formas de mejorar mi nive de entrenamiento. Si a un mismo nivel de esfuerzo hay que desplazar menos masa, la velocidad media aumenta. O lo que es lo mismo, para ir al mismo ritmo se necesita menos esfuerzo. Además de eso, al tener que mover menos kilos, la energía que se emplea es menor para ritmos iguales, por lo que con las mismas reservas energéticas tendremos combustible para más tiempo.

Todo esto se multiplica cuando hablamos de subir. La gravedad desempeña un importante papel en las ascensiones, y si además de desplazar la masa que supone nuestro cuerpo horizontalmente le añadimos la componente vertical de una subida, el consumo energético se dispara. Es decir, si en el llano es ventajoso desplazar menos peso, en los ascensos este factor es aún más determinante.

Por otro lado, el peso tiene también una influencia decisiva en otros aspectos, independientemente de la cuestión energética, ya de por sí importante. Las tensiones generadas a nivel muscular, articular y tendinoso son mayores cuanto elevado sea el peso del atleta. Durante el desarrollo de la carrera a pie tienen lugar impactos de carácter repetitivo que generan un estrés en determinadas zonas. Este estrés se ve acentuado por los kilos de más, que contribuyen a sobrecargar esas zonas más sensibles a los impactos.

Antes hablaba de la importancia del peso en las ascensiones pero, ¿qué ocurre en los descensos? Por las mismas razones físicas, la gravedad hace su trabajo también cuesta abajo. Esto, que debería ser un hecho favorecedor (y de hecho lo es, hasta cierto punto) se convierte en un arma de doble filo, pues a partir de determinados niveles de pendiente efectuamos una labor de frenado y bloqueo del movimiento, para no acelerarnos en exceso o de forma incontrolada (en función del terreno, la pendiente, etc...), que es extremadamente lesivo si no estamos hechos al mismo. Por eso, hay que entrenar también las bajadas, porque exige un trabajo muscular que es totalmente distino al que se lleva a cabo en las subidas, y por lo tanto también es necesaria una adaptación del músculo a ese trabajo concreto.

Sin embargo, perder peso no siempre es positivo, y llega un punto en que el organismo se resiente, no sólo en lo que afecta a sustratos energéticos. Si la pérdida de masa corporal no es controlada y supervisada convenientemente, empezaremos a ver afectada nuestras capacidades orgánicas: pérdida de masa muscular, empeoramiento del sistema inmunológico (bajada de defensas), debilidad,...son algunas de las consecuencias primeras de un adelgazamiento excesivo, que de no corregirse podría derivar en otras más graves para el organismo.

Es necesario, por ello, encontrar la conveniente relación peso-potencia, que nos permita mantener unas capacidades e incluso mejorarlas, sin que por ello se vea perjudicado nuestro organismo. Por eso, es recomendable, desde mi punto de vista, no hacer barbaridades dietéticas, y dejarnos asesorar por un profesional familiarizado con la práctica deportiva, al que expongamos nuestras pretensiones y expectativas, y que controle periódicamente nuestros progresos.

Por mi parte, considero que llevar una alimentación sana, equilibrada y comedida, en consonancia con nuestras exigencias energéticas, es más que suficiente para, sin grandes alardes ni complicaciones, limar un par de kilos por aquí y por allá, si es que en realidad nos sobran y consideramos que merece la pena. Es más una cuestión de sentido común y disciplina que de enormes sacrificios. Los kilómetros se encargarán del resto. Seguro.

(¡Ahora lee también este artículo en www.ensolo10minutos.com!)

lunes, 28 de enero de 2013

Correr al amanecer: sensaciones íntimas.

La mañana de ayer domingo amaneció fría. Levantarse temprano para coger el coche e irse a entrenar solo es un buen ejercicio de fuerza de voluntad. Mirar el reloj, sentir la calidez de las sábanas, darse la vuelta como para no querer ver que el tiempo avanza, que nadie espera fuera, que no pasará nada si hoy, sólo hoy, me quedo un rato más y hago un cambio de planes sobre la marcha. Había dejado todo preparado la noche anterior: la ropa junto al lavabo, incluido un gorro de The North Face que me encontré el domingo pasado cuando rodaba con David, y las Brooks Cascadia sobre la mesa de la cocina. Camino del baño todavía no sabía ni adónde ir, ni si llevarme a los perros o no. Pero, como siempre cuando salgo vestido con la ropa de deporte, adivinaron inmediatamente que tocaba correr. Entre bostezos y estiradas desperezadoras se sumaron a la fiesta, y me dio pena dejarlos en casa, así que les abrí la puerta de casa, bajamos al garaje, ¡y al maletero!

Camino de Cartagena me sentí genial. Sobre el horizonte, a lo lejos, se recortaban unas pocas palmeras, y el cielo comenzaba a adquirir el tono anaranjado previo a la salida del sol. Cuatro grados y medio. Comencé a correr en mi circuito favorito: 16 kilómetros con subida al santuario del Calvario y San Julián. La primera se me hizo muy dura. Las rampas del 25% de desnivel y el cuerpo todavía en proceso de adaptarse al esfuerzo se notaban en demasía. Para colmo, los perros hacían ademán de pararse de vez en cuando. Todavía no sabían que el día iba para largo. La ladera de subida está al lado de la sombra, y se nota en la temperatura del aire. Apenas cuatro o cinco senderistas en camino. Se empieza a notar que se aproxima la Ruta de las Fortalezas. Me encanta.

Me animé en la bajada. Si el año pasado me tomé los descensos y los tramos llanos a modo de recuperación, este año, aunque a priori parezca contradictorio, quiero "descansar" en las subidas, y aumentar la velocidad media en los tramos favorables. Esto tiene, a primera vista, un efecto devastador, según la experiencia de ayer, en los tramos que pican hacia arriba: las piernas acumulan fatiga también en la bajada, y cuando empiezas a subir cuesta encontrar el ritmo. Espero que resulte, porque hay que jugar mucho con las sensaciones, tener paciencia cuesta arriba y permitirse pequeños descansos antes de afrontar las subidas largas. Porque descansar subiendo no es descansar del todo, y hay que conseguir un buen nivel aeróbico para que el organismo elimine resíduos también a pulsaciones altas (puedes leer algo al respecto en la entrada San Silvestre: el corazón por la boca) y los músculos puedan seguir trabajando de una manera eficiente.

La subida a San Julián engaña. Desde la carretera empieza a picar hacia arriba, suavemente al principio aunque luego, cuando el camino de asfalto rugoso pasa junto a un estanque, viene un tramo de un kilómetro muy, muy duro, con más del 20% de desnivel, de tal forma que cuando giras a la izquierda y coges el camino de subida propiamente dicho llevas ya casi un par de kilómetros al límite, y aún quedan casi dos kilómetros para alcanzar la cima. Pero yo me empezaba a encontrar bien, y desde ese punto cogí mi ritmo de respiración. Los perros ya sabían de que iba el tema, así que no derrochaban energía inútilmente, y las curvas cerradas servían de pequeño respiro antes de comenzar una nueva recta. ¡Qué subida tan bonita, con Cartagena al fondo, y los picos del otro lado de la bahía: Galeras, Atalayas y Roldán, dibujándose claramente en el cielo!

A falta de un par de minutos para coronar me crucé con dos que bajaban animados. Llegué arriba, me tomé pulsaciones (27-22-22, gracias a los últimos 20 minutos en constante ascensión), y de nuevo para abajo. Enseguida sale una bajada muy divertida a la izquieda, que es por donde se bajó en la última edición de la Ruta de las Fortalezas. Solté un poco de correa a Danko y a Troy, para evitar tropezarme con ellos y acabar en el suelo, y bajé disfrutando como nunca. En este último tramo empecé a encontrarme realmente bien, así que cuando ví a los dos con los que me había cruzado al final de la subida a lo lejos, no puede evitar ir a por ellos. Llegando a la carretera los pasé. Saludo, incremento de ritmo y para el coche. En ese punto iba lanzado, con unas sensaciones estupendas y muy buena velocidad. De eso se trata, de ganar en estos tramos. Al final, poco menos de hora y veinte, y unos pulsos sorprendentes (26-16-15). A ver si seguimos esta progresión para cuando, en breve, toquen dos vueltas.

Cuando salía con el coche comenzaba a subir muchísima gente. A mi me causa una enorme satisfacción volver a casa tan temprano con el entrenamiento terminado, sobretodo con tan buenas sensaciones como las de ayer. El camino es largo, pero por algo hay que empezar. El domingo que viene seguramente tocará una salida un poco más larga por el mismo terreno. ¿Alguien se apunta?

(ahora también puedes leer este artículo en www.ensolo10minutos.com)

jueves, 24 de enero de 2013

Desafío Fortalezas-Ronda 2013: cuestión de volumen.

Uno de las consecuencias más llamativas que tiene sobre mí el hecho de fijar un objetivo deportivo a medio plazo es el efecto acelerador del tiempo. Puede parecer una tontería, pero desde este momento y hasta abril y mayo, sé que las semanas pasarán casi sin darme cuenta, y pronto llegará el día en que amanezca en la plaza del Ayuntamiento de Cartagena a las ocho de la mañana con la mirada perdida entre las cimas del santuario del Calvario y San Julián, adivinando el esfuerzo venidero, y poco después en el campo de deportes de Ronda, inmerso en el bullicio y la algarabía de los 7000 deportistas que aguardarán, nerviosos, intranquilos, expectantes, el momento de comenzar su andadura por la serranía de Ronda.

El tiempo pasa deprisa, es cierto, y corremos el riesgo de dejarlo transcurrir sin más, pensando que todavía nos queda mucho por delante, cuando en realidad no es así. Es por eso que hay que estructurar bien las sesiones, especialmente en lo que se refiere al incremento progresivo del volumen de entrenamiento. Aumentar la duración de las sesiones de forma lógica es una buena forma de dejar que nuestro organismo se adapte progresivamente a las cargas de trabajo.

Por otro lado, modificar la intensidad de las cargas es otra manera de conseguir una buena puesta a punto. Este hecho es especialmente importante cuando hablamos de preparar la Ruta de las Fortalezas, por el exigente recorrido de la prueba. Así, hay que trabajar la potencia casi anaeróbica (subidas cortas e intensas, como la del Calvario o Atalayas) y la potencia aeróbica (subidas largas de menos pendiente, como San Julián o Galeras).

Yo considero especialmente importante no pasarse de rosca con el volumen de entrenamiento. Cierto es que la Ruta de las Fortalezas, en menor medida, y sobretodo los 101 kilómetros de Ronda,  exigen al organismo una durabilidad  del esfuerzo considerable. Pero no es menos cierto que hay que encontrar un equilibrio volumen-rendimiento, de forma que no pongamos en peligro nuestra participación en las pruebas por exigirnos de más. En lo referente a pruebas de ultradistancia, la evolución orgánica hace que, de año en año, nuestro rendimiento mejore y nuestra entrenabilidad (la capacidad para asimilar las cargas de trabajo, en otras palabras) aumente. Así, cada vez podremos entrenar más y mejor.

No obstante, el factor volumen ha de estar en equilibrio no sólo con el rendimiento, sino con nuestras circunstancias personales. De repente, no vale de nada perder el norte y pensar sólo en kilómetros y kilómetros, descuidando otros aspectos vitales. El entrenamiento para estas pruebas es particularmente exigente, pero admite, afortunadamente, un amplio rango de variables que, en la medida de lo posible, garantizan el objetivo principal de todos: cruzar la línea de meta. Será en once, quince, diecinueve o veintidós horas.

Lo importante, a fin de cuentas, es estar presente y disfrutar de la aventura que supone el simple hecho de ponerse en marcha. Ir a un ritmo u otro no es ni mucho menos lo esencial en este tipo de carreras. Nuestro nivel no se puede medir únicamente en función del tiempo realizado, sino en base a una multitud de circunstancias particulares que cada uno lleva consigo, y que condicionan de mil maneras todo el proceso. Aquí, más que nunca, cada corredor que cruza la línea de meta ha vencido. A los kilómetros, a la fatiga, al dolor...Pero sobretodo, a sus circunstancias.